Los cortes de energía y el tiempo de inactividad del sistema tienen consecuencias en todas las industrias, pero el impacto varía ampliamente según el entorno. En la mayoría de los casos, incluso unos pocos minutos de inactividad pueden provocar interrupciones profesionales, interrupciones del servicio y pérdidas financieras. Pero en entornos críticos como hospitales y centros de atención sanitaria, lo que está en juego es mucho mayor. La energía ininterrumpida no es sólo una cuestión de conveniencia. Es una cuestión de vida o muerte. Cada segundo de pérdida de energía puede afectar directamente la seguridad del paciente, los procedimientos que salvan vidas y la prestación de atención esencial.